Skip to main content
El equipo de mujeres de Labienhecha trabajando en el taller

La Escuela

Lo que sí, y lo que no

Aciertos y errores de nuestro comienzo. Lo que sí, y lo que no volveríamos a hacer.

Llevamos tiempo con ganas de contar esto sin la boca pequeña.

Porque cuando empiezas, todo el mundo te cuenta sus aciertos, pero lo que casi nadie te cuenta lo que hizo mal. Y lo que de verdad enseña —lo que a nosotras nos habría ahorrado años— no son los aciertos de nadie. Son sus errores.

Así que aquí van los nuestros. Los de verdad.

 

Lo que no volveríamos a hacer si empezáramos de nuevo

Ir tan rápido que no había tiempo de pensar. Labienhecha corría, y nosotras detrás, apagando fuegos. Confundíamos velocidad con avance. No es lo mismo. Ir rápido sin dirección solo es cansarte antes de llegar a ningún sitio.

Malvendernos por miedo a no vender. Lo llamábamos “ir al súper con hambre”: cuando necesitas vender sí o sí, pones el producto por debajo de lo que vale. Y cada vez que lo hicimos, no ganamos un cliente. Perdimos el precio, y tardamos en recuperarlo. Regalar tu trabajo no te acerca a nadie: te aleja de poder seguir haciéndolo. Y si encima creces rápido, en escala te vas a ver con un problemón.

Dramatizar problemas que no eran el fin del mundo. Gastábamos una energía brutal en cosas que se resolvían en una tarde. Aprendimos tarde a mirar el bosque y no el árbol. La mayoría de los incendios se apagan solos - o casi - si no les echas gasolina. Palabrita.

No fiarnos de nuestro instinto. Cada vez que lo racional decía “adelante” pero algo por dentro decía “no”, y tiramos igual… lo pagamos. Sin excepción. El instinto no es magia: es toda tu experiencia hablándote más rápido de lo que sabes explicar. A día de hoy, la intuición es clave y si algo no cuadra, stop.

Compararnos. Mirábamos al de al lado para decidir. Y lo que le funciona a otro casi nunca te sirve, porque no ves lo que hay detrás de su foto. Aprender de otros, sí. Decidir mirándolos o comparándote, nunca.

 

Lo que sí volveríamos a hacer, mil veces

Salir a la calle y dar la cara. Perder la vergüenza. Contar la historia, enseñar el taller, ponernos delante. Fue lo que creó el vínculo. La gente no se une a un logo: se une a personas. 

Desde la primera vez que salimos a vender a la calle hasta el día de hoy, esto ya no se olvida. Sal, sal y sal. A donde sea! Un evento, una pop up, un market, un grupo de emprendedorxs y, sobre todo, muéstrate, enseña tu trabajo, destapa todo lo que hay detrás (hasta lo malo!) porque ahí es donde vas a encontrar personas que valoran personas. Eso es lo único que conecta.

Arriesgar cuando tocaba. Apostar por lanzamientos, proveedores, por ideas locas o, como decimos nosotras, "ir al bingo con el último billete". A veces perdimos. Pero lo que ganamos, lo ganamos ahí. Quien no arriesga, no se equivoca… pero tampoco construye.

Reinvertir en vez de premiarnos. El dinero que entraba volvía a Labienhecha, no a un viaje que buena falta nos hacía. No queríamos hacernos de oro. Queríamos que esto creciera. Y creció porque lo alimentamos. 

No escondernos nunca. Honestidad, transparencia, cercanía. Labienhecha no se esconde: comparte. Esa fue, desde el minuto uno, la decisión más rentable que tomamos sin saber que lo era. 

Es cierto que no todo lo de dentro se ve, y en 7 años hay demasiados capítulos que contar. Pero a día de hoy sabemos que lo mejor y lo peor merecen ser contados, porque no nos olvidemos de que somos personas y aquí no es solo el bolso, si no lo que hay detrás.

Cuidar al cliente, sin verlo como un cliente. Nuestro mayor acierto no es un bolso. Es la gente, las personas, la comunidad. Y eso solo se construye creando relaciones, no persiguiendo vender. Lo demás se compra. Esto no. Y el día que por fin entendimos esto, todo cambió.

Lo que de verdad aprendimos

Que el enemigo nunca fue equivocarnos. Fue tardar en aceptar que equivocarse era parte del oficio.

Empezamos con muchísimo criterio para el producto y casi ninguno para el negocio. Y tuvimos que aprender que cuidar los números no es traicionar los valores: es lo único que permite que los valores sigan existiendo.

Si estás empezando: no te van a hundir tus errores. Te va a hundir tardar demasiado en escucharlos.

A nosotras nos ha costado aprender sobre esto 7 años o más.
Ojalá alguien nos lo hubiese contado antes...

 

COMENTA LO QUE TE APETEZCA!

Be the first to comment.

ARTÍCULOS RECIENTES