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¿POR QUÉ COMPRAR MODA SOSTENIBLE? LA IMPORTANCIA DE LA ELECCIÓN DE MARCA


La moda nos define, nos representa, nos abre una puerta a comunicar quienes somos y qué queremos contar. La ropa que llevamos o los complementos que escogemos nos permite jugar con la creatividad y el entretenimiento. Sin embargo, el modelo de consumo rápido en el que nos vemos envueltas tiene graves consecuencias sobre el medio ambiente y propicia grandes desigualdades entre las personas de Oriente y Occidente.

¿POR QUÉ COMPRAR MODA SOSTENIBLE? LA IMPORTANCIA DE LA ELECCIÓN DE MARCA

por Marina. Lamarsalá.

April 14, 2020


Comprar moda sostenible

La moda nos define, nos representa, nos abre una puerta a comunicar quienes somos y qué queremos contar. La ropa que llevamos o los complementos que escogemos nos permite jugar con la creatividad y el entretenimiento.

A lo largo de las décadas, la moda se ha ido adaptando al contexto histórico, político y social; recogiendo demandas de las personas que las vestían y ayudando a crear identidades nuevas.

Sin embargo, en la actualidad, cuando nos relacionamos con el mundo de la moda lo solemos hacer bajo la premisa de comprar a precios bajos para poder adquirir el mayor número de prendas o con la intención de renovarlas varias veces en el tiempo.

El modelo de consumo rápido en el que nos vemos envueltas tiene graves consecuencias sobre el medio ambiente y propicia grandes desigualdades entre las personas de Oriente y Occidente.

El sector de la moda es el segundo más contaminantes del planeta. Además de los tóxicos que se liberan en el mar, los microplásticos que componen este material suponen una amenaza para la biodiversidad y para la propia salud de los seres humanos.

China se convirtió en el gran exportador de textiles mundial en 1995, y desde entonces ha mantenido esta posición. Paralelamente sabemos que el 70% de sus ríos, lagos y reservas están afectados por la contaminación, en gran medida como consecuencia de las prácticas realizadas en torno a la industria de la moda.

No obstante, nuestro modelo de consumo viene ligado a un modelo de producción concreto que genera un impacto muy negativo en el planeta. Los productos que compramos o las marcas en las que decidimos invertir nuestro dinero son una elección que nosotras tomamos, pero a menudo no sabemos el coste real de la ropa que llevamos puesta.

Las grandes marcas, incluso muchas de las que en su día se fundaron en España, subcontratan la mayor parte de la producción a fábricas ubicadas en países subdesarrollados. Abaratando los costes también se abaratan los precios y a su vez se incrementa la rotación de los productos. De esta forma, nos hemos acostumbrado a elegir un modelo nuevo de abrigo cada año o varios pares de zapatos para cada temporada.

La industria textil mueve alrededor de 3.000 billones de dólares anuales. Estas grandes marcas compiten por el precio más bajo, por tanto por el coste más bajo, y por un mayor grado de explotación laboral en los países desfavorecidos. Y de esta forma los grandes imperios de la moda especulan no solo con el valor de los productos, sino también con el valor de las personas.

Países como Camboya, incrementaron sus exportaciones mundiales en torno a 6.480 millones de dólares (en 2013), de los cuales el 76% se corresponde con productos textiles. Lo que nos indica la tendencia creciente por parte de las empresas internacionales a deslocalizar la mano de obra para conseguirla en países empobrecidos.

Se calcula que 1 de cada 6 personas vivas en el mundo a día de hoy, trabaja en alguna parte de la industria mundial de la moda, por lo que es el sector más dependiente de mano de obra del planeta. La mayoría de las personas que trabajan en estas fábricas son mujeres, y sus salarios no llegan a 2€ al día. Evidentemente no existe ningún tipo de conciliación laboral y muchas tienen que llevarse a sus hijos con ellas, viéndose obligadas a exponerlos también al peligro.

Si nos paramos a mirar un poco más allá de donde viene nuestra ropa encontraremos grandes injusticias y sufrimientos causados por estas grandes compañías. Un acontecimiento que saltó a los titulares hace unos años, fue el derrumbamiento de una fábrica el 24 de abril de 2013 a las afueras de Dacca en Bangladés, donde murieron más de mil personas que trabajan para marcas internacionales. Las trabajadoras ya habían avisado previamente de que el edificio presentaba grietas y su estructura era insegura, pero aun así las siguieron obligando a ir a trabajar. Esta no fue ni la primera ni la última catástrofe provocada por la industria textil, pero sí un claro ejemplo de cómo se ignora el coste real de la moda que consumimos.

¿Cómo es posible que con los beneficios que generan dichas marcas no sean capaces de garantizar unas condiciones mínimas de seguridad y dignidad a sus trabajadoras? ¿cómo se permite que se vulneren los Derechos Humanos solo en nombre del capital?

¿Es esta la única manera de ser rentable produciendo en la industria de la moda? 

La respuesta es no. Hay alternativas y debemos exigirlas y cuidarlas a partes iguales. Necesitamos demandar marcas que sean responsables con el medio ambiente y con las personas que trabajan en ellas.

Siempre hay una alternativa, y siempre se puede trabajar sin descuidar el valor de lo más importante. Es nuestro derecho como consumidoras tener estas opciones en el mercado, poder elegir moda que no esté machada de esclavitud. Y es nuestro deber también saber apreciarlas y ser capaces de renunciar al modelo de consumo abusivo del que también hemos sido participes.

Nuestra responsabilidad con el planeta nos llama a reducir el uso de productos desechables en un momento en el que el mundo nos pide a gritos un cambio de modelo de consumo. Y la moda nunca debería ser considerado como un producto desechable.

Como consumidoras debemos entender que somos parte del problema, pero también de la solución. Y solo cuando comprendamos esto, solo cuando escojamos la opción más responsable y solo cuando decidamos cambiar nuestra forma de vida, estaremos construyendo el mundo en el que realmente queremos vivir. 

Finalmente, a modo de resumen final me gustaría que reflexionásemos sobre estos datos:

  • El sector de la moda es el segundo más contaminante del planeta.
  • EEUU genera alrededor de 11 millones de toneladas de desechos textiles al año.
  • El 8% de los gases de efecto invernadero mundiales proceden de esta industria.
  • La fabricación del poliéster, presente en el 60% de las prendas del mercado, supone el vertido de aproximadamente 70 millones de barriles de petróleo anuales.
  • El 70% de los ríos, lagos y reservas de China están contaminados como consecuencia de las fábricas textiles.
  • En el sur de la India, alrededor de 250 000 niñas trabajan bajo el sistema Sumangali.
  • Según la OMS, el 90% de los niños que trabajan en la industria del cuero en Bangladesh, morirá antes de cumplir los 50 años por la exposición y el contacto con productos químicos de todo tipo
  • 1 de cada 6 personas en el mundo trabaja en la industria de la moda, y la mayoría de las que trabajan en fábricas no llegan a cobrar más de 2€ al día.
  • Un informe del Centre for Research on Multinational Corporations demostró que en India, niñas y adolescentes trabajaban sin contrato más de 72 horas a la semana con un salario de 0,88 euros al día.
  • 24,9 millones de personas en el mundo son víctimas del trabajo forzado y de esa cifra se estima que más de 16 millones son explotadas por empresas textiles multinacionales.

 

Marina. Lamarsalá.

 

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